martes, 20 de marzo de 2007

¿Y qué tal el agua?

Ya han publicado dos de mis compañeros (Tanja y Alex) en sus blogs unos artículos en los que discuten los efectos que tiene la globalización sobre el medio ambiente. Quería aportar un aspecto más en cuanto a los recursos naturales, quiero reflexionar un poco sobre la manera de la cual tratamos al agua. Siendo parte del medio ambiente implica que el agua es un “bien libre”, es decir que “no existe un mercado que determine un precio”. (véase el artículo “La globalización y el medio ambiente” de Alex Liegle). Sí que el agua tiene un precio, pero ese precio no es tan alto que alguien se vea enfrentado de un problema serio. El problema no es el precio, el problema es la escasez.

La globalización implica una demanda creciente del agua, ya que las industrias gastan mucha. Además no olvidemos el turismo que es un gran factor problemático en cuanto al agua, sobre todo en los países del mediterráneo en los que el agua es un producto más escaso que en otros países. Lo que pasa es que en países como Alemania y Francia con una industria potente y por tanto un consumo de agua enorme este mismo no es tan escaso como por ejemplo en España. En Alemania nunca ha pasado que se corta el agua por unas horas como lo pasa en Alicante en veranos con poco agua – hasta ahora. Ya que es un hecho comprobado que hay un cambio climático nos vemos enfrentados del problema de que se derriten los glaciares. La temperatura media mundial va a subir (en España por ejemplo por unos 4 grados hacia el año 2080), yendo acompañado por una menor precipitación. El problema de la escasez del agua va a ser más y más grande en el futuro. Ya hay cuatro países en Europa (Chipre, Malta, Italia y España) que padecen estrés hídrico, eso significa que la demanda de agua en una región es mayor que la disponible en un periodo de tiempo determinado.
El siguiente gráfico muestra la situación de los países europeos:



(fuente: Eurostat, base de datos New Cronons)

Teniendo presente esta situación me pregunto por qué aún no estamos cuidando más el agua. Es cierto que gastamos más de ese bien que sería necesario, existen muchos ejemplos, dejadme dar lo más evidente: el turismo y la costumbre de los turistas ducharse dos, tres veces por día. Es la hora cambiar nuestras costumbres en cuanto al agua para que la situación no sea tan grave como prevista.